Ecos romanos en Túnez







Espejismos del mar al desierto palmeras, oasis, medinas, zocos, desiertos, casas trogloditas, ruinas romanas, mar, cañones... cuando viajas por Túnez los paisajes cambian tan rápido que parecen formar parte de un sueño.



Son las ocho de la mañana y el sol está ya muy alto. Amanece temprano en Túnez. Los rayos de sol se filtran entre las ramas de una enorme palmera dejando siluetas móviles en la pesada cortina del hotel. Tengo que dejar de lado la pereza y levantarme para aprovechar la primera jornada. Solo tengo siete días por delante para recorrer el país y conocer un poco más este pueblo que lucha desde hace años por forjar su propio futuro. Las capitales suelen ser los epicentros de cualquier movimiento y en la de Túnez, tras los actos terroristas del año pasado, se respira calma de nuevo. Una calma solo rota por el deseo de quienes viven del turismo y ven el polvo asentarse en su mercancía sin que nadie se acerque a comprar. Los comerciantes de los zocos echan de menos el regateo, el fluir de los grupos de turistas con las pupilas dilatadas ante los souvenirs. La sensación en la capital es de haberse quedado atrapada en un domingo infinito, un domingo en el que el tráfico sigue circulando alocado pero los negocios continúan somnolientos.


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